¿Es la fe un medio legítimo para acceder a la verdad?

Muchas personas consideran a la Fe como una loable virtud, digna de admiración y respeto, aun en el caso de no compartir los postulados doctrinales de los creyentes.

La cuestión que aquí nos plantearemos es si puede considerarse legítimo basar nuestro modelo de la realidad en teorías y suposiciones de naturaleza indemostrable, que no son susceptibles de someterse a prueba.

Al fin y al cabo nuestras creencias y suposiciones tienen un fin de utilidad. Desde esta base podemos considerar la fe como útil para ciertas personas a la hora de encarar o enfrentarse con el día a día. Hay conceptos a los que puede ser mejor aplicar una creencia no científica, es decir no justificada mediante la comprobación, el empirismo, con el objetivo de sentirse mejor, de ser más felices, y de evitar problemas psicológicos como la depresión o la ansiedad.

Claro está que para muchos esto puede ser un autoengaño injustificable, ya que por algún motivo no sentimos impulsados a buscar una verdad absoluta.

¿Puede haber sitio para la fe y para la ciencia en nuestra sociedad? Yo creo que si. De hecho es posible que la ciencia y la tecnología avancen a un primero más rápido de lo que la sociedad es capaz de administrar y las creencias nos sirvan para administrar ese ritmo acelerado.

Ahora bien, cuando nuestras creencias, nuestra fe, incidan en nuestra manera de actuar y de relacionarnos con los demás es mejor que tengamos muy claro en qué creemos y porque. Es distinto creer en el alma que creer que rezando se solucionarán nuestros problemas. Cuando nuestras creencias nos lleven a un comportamiento del cual esperamos un resultado es mejor aplicar la honestidad y comprobar si los resultados coinciden con las expectativas y si no es así reconsiderar nuestra creencia y no sólo la práctica de la misma pues sería como el científico que ante una prueba que no coincide con su teoría decide pensar que es la prueba es la que está mal.

Con esto quiero decir que aunque utilicemos la fe debemos ser escépticos en el momento de utilizarla más allá de la creencia en sí misma. Puede que creer que todo hoy nos va a salir bien, como ejemplo de una creencia en el positivismo no sea muy racional y se contradiga con la experiencia al final del día pero aún así puede ser útil. Pero si creemos que no nos ha ido tan bien en el día es culpa de la energía vibracional negativa de alguna persona de nuestro entorno, puede llevar a una distorsión no justificada que acabe destruyendo una relación.

No es que debamos tener fe ciega en un postulado basado en nuestras creencias sino que debemos considerar si es útil o si nos está haciendo daño a nosotros mismos o a los demás.

El reto del creyente es actuar en todo momento bajo el principio de que la solución que le proporciona la fe no debe interferir con las que le proporciona la ciencia, dando siempre prioridad a esta última. De hecho, es lo que suele ocurrir en las personas mentalmente sanas (“A Dios rogando y con el mazo dando”, “Fíate de Dios y no corras”, etc.).

El creyente mentalmente sano sólo cuenta con la ayuda de Dios, es decir, cuando todas las otras opciones han fallado y ya no hay nada que perder. Y tampoco compromete ninguna opción real, por pequeña que sea, en favor de la fe. Va a rezar después de haber terminado su tratamiento de radioterapia, pero no como sustituto.

Así que, según lo que antecede, podría argumentarse que la fe es buena como alternativa gratuita y sin compromiso, pero tampoco esto es así.

Si los miembros de una sociedad están convencidos de que después de la muerte accederán a una vida eterna rodeados de hermosas vírgenes, dedicarán la mayor parte de sus esfuerzos (y es comprensible) en asegurarse el acceso a ese paraíso y no en comprender la realidad para luchar contra la muerte y las enfermedades. Y de hecho, las culturas que poseen un mayor grado de fe religiosa se estancan en el estudio obsesivo de la divinidad y de los caminos para acceder al paraíso. Sólo aquellos que comprenden que no hay más solución que la que tú mismo encuentres, dedican sus esfuerzos a mejorar la comprensión de la realidad y a avanzar por la senda de la verdad, que no es otra que la de la ciencia.

Pero lo peor viene cuando el creyente cree de verdad en su fe y no sólo como opción gratuita y subalterna. En tal caso tenemos los terroristas suicidas, las guerras religiosas, la quema de herejes, la persecución de la verdad y, ocasionalmente, el homicidio de seres inocentes, al confiar su salud al efecto curativo de rezos y rituales en sustitución de tratamientos médicos eficaces.

En definitiva, el único camino que nos aleja del sufrimiento es la verdad mientras que el error sólo nos puede conducir al desastre, aunque momentáneamente pueda parecernos que nos aleja de él.

fe


Comments